UNA REFLEXIÓN SOBRE LITERATURA Y ECONOMÍA EN MEDIO DE ESTA MALDITA PANDEMIA.

LITERATURA

Recién llegado de la Feria del Libro de Valladolid 2020 continúo impactado. Ya lo estaba antes de ir. Siempre me ocurre. Menuda novedad 😀

Desde que publiqué Wilde Encadenado en 2018 visito todas las Ferias que puedo: Segovia, Tres Cantos, Alicante, Pozuelo… Siempre acudo intentando no pensar, no hacer prospección de lo que puede ocurrir. Por supuesto, siempre ocurren muchas ‘cosas’, sobre todas: siempre me siento bien acogido y firmo mis novelas a un ritmo que me sorprende, teniendo en cuenta la multitud de ofertas y la desigual competencia.

Pero los lectores siguen buscando libros que satisfagan su afición y ambición (más allá de la moda, de la consumida Guerra Civil, ahora la ETA, o el youtuber de moda) y, quizá, por ese compendio, la suma ofrece una necesidad no colmada.

Aún quedan lectores y, sobre todo, lectoras. Ese es el triunfo del escritor, del humilde escribidor (por prolífico, espero que no por malo 😛 según define la RAE) que soy y quiero ser desde que tengo conciencia: ESCRIBIR y ENCONTRAR LECTORES. ¡Qué locura tan bella!

Vivimos en plena y asquerosa pandemia y la respuesta ha sido tan positiva en la Feria de Valladolid que nunca antes había firmado tantas novelas como el glorioso sábado 3 de octubre.

Debo decir que en esto hay cierto ventajismo porque llevo tres años consecutivos acudiendo a Valladolid a firmar, gracias a la Librería Moiras, a quienes difícilmente sabré expresar en palabras suficientes el agradecimiento que siento por la oportunidad y por el estar tan a gusto como para querer volver siempre y poder  compartir el tiempo precioso de ese impasse en el que el lector se detiene ante la caseta y busca con la mirada el mejor libro que sepa acompañarle, ayudarle, sorprenderle… y tantas cosas más…

Pero, ya digo, hablo con cierto ventajismo porque este año ya he tenido la oportunidad de reencontrarme con lectores que me habían concedido el beneplácito, en forma de compra de mi escritura, en anteriores Ferias; y habían leído mi Wilde Encadenado, y volver a por mi nueva novela (más trasgresora que la que el gran Luis Antonio de Villena tuvo a bien prologar y dar alas a mis expectativas, cuando las vacilaciones de principiante me embargaban en ese eterno baile que oscila entre el optimismo y el devenir de la duda).

Feria del Libro de Valladolid 2020

ECONOMÍA: 

Mañana y tarde estuve en la caseta de Librería Moiras. De 11:30 a 14:30 y de 17: 30 hasta que ya no me quedaban libros y poca fuerza para explicarlos.

Ya lo publiqué en las redes sociales mientras transcurría la Feria, hay que agradecer la valentía de la organización, del Ayuntamiento de Valladolid y su Equipo de Gobierno para, en estos tiempos, plantearse lo que otros muchos han desestimado. Una Feria del Libro anima la ciudad, anima a sus buenas gentes, y además: procura y eleva a la tan necesaria economía. Algo por lo que hoy la propia organización se congratulaba en el éxito que se ha obtenido, según he leído en la prensa.

Se hace necesario retomar el pulso económico de este país que parece inmensamente rico, pero todos sabemos que no es así. Escuchamos las cifras de paro, las empresas que cierran o están al borde de la bancarrota, los ERTE, los que se convertirán en ERE, demasiados meses confinados y muchas cosas mal hechas… 

Me comentaron que la instalación de las casetas de la Feria corrió de parte de una empresa murciana, al menos muchos de sus trabajadores así lo eran. Y, como yo, imagino que aquellos durmieron, comieron, cenaron y desayunamos gracias a la estupenda hostelería de la ciudad. Igual que hice con gusto y entusiasmo. 

Además, mis libros pasaron por el coste de la impresión y del trabajo de muchas personas, el viaje también supuso un desembolso… Todo eso generó economía, en mi humilde caso, un pequeño grano que, sin duda, espero ayudara a hacer granero. También recibí la recompensa de los lectores y lectoras que compraron mis libros. A quienes nunca podré estar más agradecido.

Por dos razones fundamentales. Lógicamente, porque todos tenemos que pagar facturas, pero sobre todo por la compañía; por pensar que varias decenas de mi Li y mi Wilde ahora están en algún estante, en alguna mesilla, esperando a que su dueño o su dueña abra la primera página.

Jose Carlos Bermejo firma tu libro

La mascarilla que pinté mientras viajaba a Valladolid para clamar la atención bondadosa de los visitantes.

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