¿Qué hay de cierto y qué hay de ficción en WILDE ENCADENADO?

 


Wilde Encadenado

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Como es lógico, en algunos momentos me encuentro frente a lectores que no conocen los vericuetos y las causas y circunstancias que se esconden detrás de mi Wilde Encadenado, y me preguntan por ellos, sobre todo en las Ferias del Librotras algunos momentos de reflexión, ya he compuesto una serie de explicaciones plausibles que ofrezcan respuestas, sin enunciar lo que los anglófonos denominan como ‘spoiler’, palabra que entendemos los castellanohablantes sin necesidad de mayor explicación.

Wilde Encadenado. Firma de libros en la Feria del Libro

No es sencillo, contar de qué trata una novela, sin desvelar sus misterios, sobre todo si es una novela de intriga. Pero, en este artículo, solo destinado a los que ya han leído la novela, me dispongo a revelar algunas cuestiones que, tras la lectura y su recuerdo, despejarán algunas dudas y ayudarán a comprender mejor.

Como contaba en un artículo anterior, la trama de Wilde Encadenado, se centra en diferentes historias que se van entrelazando, alrededor de varias temáticas: la búsqueda del sentido de la vida, las desigualdades, sobre todo en términos sociales y de clase y el feminismo incipiente de finales del siglo XIX, esta última, cuando hablaba del feminismo; quedó suficientemente explicada.

Wilde Encadenado en la Feria del Libro

Me centraré, ahora, en explicar detalles concretos de la narración. Allá voy:

Me preguntaba una lectora:

¿Es cierto que a Óscar Wilde le engañaron a su llegada a Nueva York?

Sí, es cierto. Es una parte real de la historia contada. Lo leí, por primera vez, en una biografía, escrita por Francesco Mei sobre nuestro protagonista (Óscar Wilde, Editorial Vergara). Textualmente, decía: «En Nueva York fue estafado por un timador con quien había trabado una incauta amistad». Pero poco más que eso se sabe. Ahora, lector de Wilde Encadenado, ya sabes quién es esa incauta amistad recreada por mi, pero alejada de la realidad desconocida. Ese engaño me pareció sugestivo y sugerente para armar un relato que pudiera provocar las situaciones que, a partir de la segunda parte, se suceden: la huida de Oakley y Goblin, la suplantación de la personalidad de Wilde por parte de León, inducido por Theodor…

Me preguntaba otra lectora:

¿Cómo se te ocurrió la idea de la partida de póquer?

Tan sencillo como que fue real y que está ligada con la pregunta anterior. Lógicamente, está dramatizado y Óscar Wilde no era uno de los jugadores sobre la mesa en una partida que nunca se jugó, pero en cierta ocasión leí la historia de dos truhanes que, alrededor de la época en que se basa la novela, viajaban en los barcos de vapor que navegaban por el río Misisipí y que pergeñaron un plan tal cual cuento en la novela. Mientras uno tocaba el violín alrededor de la mesa, iba indicando con las notas de su instrumento las cartas que portaban el resto de jugadores. Me pareció una idea tan brillante, tan atrevida y tan complicada que me sedujo como posible arma artera con la que Oakley y Goblin, el experto violinista, pudieran sacarles la pasta a los presentes. Por cierto, a esos dos truhanes del Misisipí los descubrieron. Como es lógico, de lo contrario nunca hubiéramos conocido sus tribulaciones.

¿Es verdad que todo lo que dice Wilde, lo dijo realmente?

Lógicamente todo, no, pero sí la mayor parte de las ‘brillanteces’, como apunta Luis Antonio de Villena en el prólogo, que desplegó Wilde durante su periplo norteamericano. Frases como: «¿La diferencia entre ingleses y norteamericanos? Ninguna. Tienen todo en común, excepto, naturalmente, el idioma» o «Líbreme de darle consejo alguno, nunca es bueno dar consejos pero darlos buenos es fatal», son pensamientos que enunció Wilde, demostrando ser el gran conversador que se recuerda, con un sarcasmo e ironía fuera de lo común. Por ello, durante la escritura intenté que esas inteligentes frases encajaran no solo en la narración global, sino en el contexto de las escenas.

frase Oscar Wilde

¿Es cierta la historia de la peluca?

Sí, completamente cierta. Los tiempos han cambiado mucho y ahora, a los famosos se les pide un selfie en cuanto se tiene ocasión. En aquella época, 1882, ya sabes, los medios eran más limitados, pero siempre ha existido esa especie de fetichismo con respecto a las personas populares. Por ello, no era extravagante pedir un mechón del cabello a la persona admirada. Y, sí, es cierto que Morse, el acompañante en la vida real en el viaje norteamericano de Wilde comprara una peluca para evitar que el conferenciante perdiera su melena…

Sobre la conferencia

Como recordarás, a lo largo de la narración, Goblin se ve ‘obligado’ a suplantar a Wilde y enunciar su conferencia en Pebbletown. Una parte fundamental en el devenir de los acontecimientos. Mientras investigaba y me documentaba para escribir la novela tuve la suerte de encontrar una web que ya no existe (por suerte pude descargar los documentos) en la que se citaban muchos de los sucesos que rodearon el viaje de Wilde. Entre esos documentos se encontraba el texto íntegro de la primera conferencia: «El renacimiento del Arte inglés», y todos los párrafos que se enuncian se corresponden con la auténtico texto escrito por Óscar.

El tren de los niños

También, mientras investigaba y leía acontecimientos que sucedieron en los días en que se enmarca la narración, encontré la historia (que no ha trascendido con ese enunciado: «El tren de los niños«, sino como «Trenes de huérfanos»). También existió la ‘Sociedad de Socorro a la Infancia’. Buena parte de esta extraordinaria historia la leí aquí.
Donde también se refiere el libro escrito por CHRISTINA BAKER KLINE: «El tren de los huérfanos».

Como se refiere en el artículo mencionado: «La realidad es que al llegar a su destino la inmensa mayoría de los menores se convertía en mano de obra gratuita para granjeros e industriales (…) Los trenes efectuaban diferentes paradas y en cada una de ellas los niños, despojados de identidad y dignidad alguna, eran obligados a bajar y formar, ordenados por estatura, frente a las familias del pueblo».

La ‘Sociedad de Socorro’ comenzó a funcionar en 1854 y lo hizo hasta mediados de los años 30 del siglo XX, y hasta 1960, el Gobierno norteamericano no tuvo el control sobre estos menores.

En este caso, todo lo narrado, excepto la esencia de lo que sucedía con los niños y niñas huérfanos que dormían en las calles y que eran entregados a familias de adopción, es pura invención que me sirvió para que la imagen de Oakley, un tipo bastante deleznable hasta entonces, comenzara a cambiar y, tú, como lector/a, pudieras verle con otros ojos. En el fondo, él se veía como uno de esos niños (recordemos su infancia en The Five Points, también un barrio real de Nueva York) que vivían en la calle. Y a Oakley se le comían las entrañas al ver lo que sucedía con ellos. Y lo que sucede con la dulce Christine, un personaje inventado.

El alcalde de Nueva York

En WILDE ENCADENADO se dan cita algunos personajes que existieron en la vida real. Dos de ellos son el alcalde de la ciudad de Nueva York en esos días: William Russel Grace y el empresario Richard Gould. Me pareció interesante adentrarme en la historia personal de estos dos personajes, como adversarios políticos. Lo narrado en esas disputas es cierto, al menos así lo leí en un libro que trataba sobre la figura de Grace.


Bien, hasta aquí algunos de los datos más destacados de la novela, al menos los que me suelen preguntar aquellos lectores y lectoras que la han leído.

En cualquier caso, y aunque es probable que, próximamente, cuente algún detalle más sobre la realidad o la ficción de los acontecimientos narrados, si quieres preguntarme cualquier duda o interés, siéntete libre de hacerlo.  Gracias.


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