Posted inBlog de Literatura: El oficio de escribir y leer | José Carlos Bermejo / opinión

Los 5 errores que delatan a un escritor novato en la primera página


Un editor profesional tarda aproximadamente 50 segundos en saber si tu novela merece la pena o si sirve para calzar una mesa coja.

Suena cruel, pero es la realidad. La primera página es un campo de minas. Si el lector (o el editor) pisa una, estás muerto. No importa que el final de tu libro sea mejor que el de El Sexto Sentido; si la primera página no engancha, nadie llegará al final. Luego hay otros condimentos a tener en cuenta. Te cuento algo de mi experiencia…

Como contaba en uno de mis primeros artículos en esta web, pude publicar mi primera novela en una editorial. Para ello se dieron varias circunstancias:

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  • Un amigo, escritor, llevó mi manuscrito directamente al editor. (Esta es una premisa casi imprescindible en estos tiempos. Hay cientos o cientos de cientos de manuscritos que llegan a las editoriales, ¿Quién va a hacer caso a un autor anónimo? ¿Qué editor va a tener el coraje de leerse ese manuscrito que no tiene más aval que un título, un nombre desconocido y un montón de páginas que son una incógnita?
  • Mi manuscrito iba prologado por un gran escritor, lo que daba cierta pompa a lo que podía ser una novela en el mercado.
  • Finalmente, las condiciones que me ofrecía la editorial no me convencieron y decidí autopublicarla. ¿Hice bien o hice mal? Bueno, me quedo con que conseguí visitar muchas Ferias del Libro, vender un número respetable de ejemplares -aún se siguen vendiendo a otro ritmo-. En definitiva, conseguí tener el control total de mi obra sin dar cuentas a nadie más que a mí mismo.

Llevo varias décadas escribiendo relatos, novela histórica, novela negra y thriller y, después de reflexionar sobre el tema y conocer otros casos de otros escritores, creo que en los errores del escritor novel siempre se repiten los mismos patrones. Aquí tienes los 5 errores capitales que gritan «soy novato» a los cuatro vientos. Evítalos y sobrevivirás. Es mi opinión.

1. El despertar del despertador (Beep, Beep, Beep)

Si tu novela empieza con el protagonista apagando el despertador, estirándose, mirando por la ventana y pensando «hoy va a ser un día duro», bórralo. Bórralo todo.

Es el cliché más gastado de la historia. Es perezoso. A nadie le importa cómo se despierta tu personaje a menos que se despierte con una pistola en la boca o dentro de un ataúd.

La solución: Empieza in media res. Empieza cuando el problema ya ha estallado. Ahórranos el café y la ducha.

2. El exceso de adjetivos (El síndrome del diccionario)

«El fulgurante sol brillaba intensamente sobre la verde y frondosa hierba mientras el apuesto y melancólico detective caminaba lentamente…»

¿Te ha dado dolor de cabeza? A mí también. El escritor novato cree que escribir bien es poner muchos adjetivos. El escritor profesional sabe que el adjetivo es el enemigo del sustantivo.

La solución: Mata a tus queridos adjetivos. Usa verbos fuertes. En el género Pulp o Noir, la economía del lenguaje es oro. Menos es más.

3. La escena del espejo (La descripción selfie)

El protagonista se levanta (mal vamos, ver punto 1), va al baño, se mira al espejo y el narrador aprovecha para describirnos el color de sus ojos, su cicatriz en la barbilla y lo guapo que es.

Esto es un truco barato para describir al personaje. Es artificial. Nadie se mira al espejo y piensa: «Vaya, tengo los ojos azules y mido 1,80».

La solución: Describe al personaje a través de la acción o de los ojos de otro. Que veamos su cicatriz porque alguien le pregunta por ella, no porque se mire al espejo.

4. El vertedero de información (Info-Dumping)

En el primer párrafo, el autor intenta explicarnos la historia del reino, la guerra civil de hace 20 años, el árbol genealógico del protagonista y el sistema de magia.

El lector no quiere una enciclopedia. Quiere una historia. Si me aburres con datos en la página 1, cierro el libro.

La solución: Dosifica. El misterio es sexy. En Li es un infinito de secretos, el lector no sabe qué está pasando al principio. Esa confusión es la que le hace pasar la página. Genera preguntas, no des todas las respuestas.

5. El diálogo robot («Como tú ya sabes, hermano…»)

Personaje A: «Hola Juan, como tú ya sabes, hoy es el aniversario de la muerte de nuestra madre, que ocurrió hace 10 años en aquel accidente.»
Personaje B: «Sí, Pedro, lo sé porque yo también estaba allí.»

La gente no habla así. Esto se llama «diálogo expositivo» y sirve para que el autor le cuente cosas al lector usando a los personajes como marionetas. Canta a la legua.

La solución: Lee tus diálogos en voz alta. Si suenas como un robot o como un presentador de noticias, reescribe.

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✍️ Confiesa: ¿Has cometido alguno de estos pecados en tus borradores? (Yo confieso que el del espejo lo hice en mi primera historia a los 15 años). Te leo en comentarios.

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